La Rosa de Fuerteventura
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Almudena Monserrat elabora vino con nombre de mujer a los pies de "La Fortaleza"
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La viticultora Almudena Monserrat, nos recibe en su finca «La vista de Tefía» situada al pie de la montaña «La Fortaleza», donde tiene plantadas unas 400 parras en varias gavias que completan unos 70.000 metros cuadrados. Monserrat elabora una pequeña producción de vino tinto y blanco que en un futuro quiere comercializar con el nombre de Tibiabin. En estos momentos su bodega produce unos 60 litros de vino tinto y 40 de blanco que hace ella misma con mimo y cariño y con la ayuda técnica de la Asociación de viticultores El Majuelo a la cual pertenece desde hace unos cuatro años.

 

La relación de Almudena con las parras se inició en su época de estudiante en La Universidad de La Laguna.» Mi abuelo me decía que como iba a Tenerife, tierra de vino, le trajese lo necesario para hacer un poco con las uvas que recolectaba de la finca y que habitualmente destinaba a secar o para consumo de la casa como fruta de temporada». Un día llegué y además de los útiles, le dije, «mira abuelo aquí traigo a este chico que nos enseñará a hacer vino«.Y así fue, poco a poco y sin pensarlo toda la familia ayudaba en el cometido que había planteado el abuelo.

Marusa Hernández y Almedena Monserrat

El legado del abuelo continúa presente en la finca. En las gavias se mezclan las distintas variedades de vid, la moral, la listan prieto, o la blanca malvasía, con la cebada de la isla, las judías y los morales, para aprovechar el agua y el espacio como hacían antiguamente los agricultores majoreros. La viticultora explica en detalle cómo están plantadas las parras, «cerca de los trastones, ahí les gusta crecer a ellas, arropadas», afirma. Confiesa nuestra interlocutora que cuando le toca la poda incluso habla con ellas.«En estos momentos están dormidas», esto quiere decir «que no se las toca hasta que no llegue el momento de la poda que será en menguante».

Monserrat narra en la radio el cariño que siente por una tierra que cultivaron sus abuelos y cómo éstos y sus padres le han enseñado las técnicas para conseguir que brote la vida en un lugar que puede parecer inhóspito.

El abuelo ya fallecido continua presente en la finca, en uno de los trastones que arropa el crecimiento de las parras, se observa recostada una taza blanca con flores rosas. «Ese era el lugar y la escudilla  donde cada mañana se sentaba mi abuelo a desayunar leche y gofio», desde ahí contemplaba las vistas sobre Tefía.

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