«No podemos perder ni un metro más de suelo fértil, ni una gota más de agua de lluvia»

Del Jable al Malpey
Del Jable al Malpey
"No podemos perder ni un metro más de suelo fértil, ni una gota más de agua de lluvia"
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Rico Horn experto en agroecología explica en la entrevista que el cambio climático en Fuerteventura hace necesaria una planificación para no perder más suelo fértil ni agua de lluvia vertida al mar, si queremos tener futuro para nuestras niet@s. “Es necesario actuar ya para recuperar el paisaje agrícola”, afirma. Su proyecto interdisciplinar apoya a agricultores dispuestos a poner en practica la agroecología, en fincas que sirvan de ejemplo y además con producción de buenos alimentos para humanos y animales. La agroecología no solamente es la practica de una técnica agrícola, su pilar fundamental es el desarrollo  social y así incluye también los oficios artesanos como la palma, la lana, el barro, la madera, la construcción con materiales locales así como la pintura y la música, pues el arte cultiva el alma y proporciona mentes sanas”)

 

Podcast Del Jable al Malpey.- (2022.10.25).- I Parte.-

Introducción.- Pura Cuenca Roy, corresponsal literaria Del Jable al Malpey. En plena subida de precios por los alimentos, bien por inflación o bien porque intentan robarnos a todos, hoy lee un poema del libro Sitopia de Carolyn Steel, editado por Capitán Swing, la continuación de otro de sus textos “Ciudades hambrientas”, donde además de la geopolítica global, explora otras las formas de alimentarnos más respetuosas para el planeta y más sanas para nosotros..

Entre las páginas de Sitopia se encuentra un poema titulado “La aldea abandonada” de Oliver Goldsmith, irlandés de 1770.

.- Presentación Marusa Hernández y Sofía Menéndez.-

«Necesitamos sosiego y tranquilidad», nos dice la invitada especial Dulce María Morales, psiquiatra jubilada del Hospital de Fuerteventura, una amante de la naturaleza y amiga del respeto al medio ambiente que nos hablará de la eco ansiedad en la segunda parte del programa.

 

.-Entrevista a Rico Horn, un experto en agroecología, nacido en Tenerife en 1959, donde vivió hasta finales de los 90, de allí ha viajado por distintos países y ahora está afincado en Hamburgo donde diseña y mantiene una docena de proyectos de huertos y agricultura urbana, paisajes comestibles, sistemas agroforestales etc. ; siempre ha mantenido una estrecha relación con las islas Canarias y desde hace diez años no falta a su cita anual para reverdecer el desierto en la isla de Fuerteventura.

Este año su labor ha sido crear un ecosistema agroforestal en uno de los paisajes más áridos de la isla, Los Llanos de La Concepción, en un impresionante proyecto de restauración de una antigua finca de los antepasados de Nacho González García, una preciosa Casa Rural denominada Rosa de los Vientos.

SUELOS FÉRTIL Y HERRAMIENTAS

En sus distintas estancias y en los diferentes lugares por donde ha pasado, entre los que están Suiza, Francia, Canadá, Japón, Estados Unidos, Taiwán, Horn siempre analizándose, preguntando y siguiendo su pasión, ¿qué es un suelo fértil y cómo cultivar plantas sanas?

En primer lugar, Horn nos sorprende con las herramientas que utiliza, afirma que existen utensilios – que ha ido recopilando por distintos lugares del mundo- que pueden facilitar la vida al agricultor, sin dejarse la espalda y reduciendo el esfuerzo físico. “Agricultura para fortalecer y no desgastar”, afirma. Una pala larga, un rastrillo especial para trabajar en los bancales o un pico muy ligero y corto, una sembradora manual suiza están entre ellos. Nos enseña la que llaman el “Hammer” de la huerta- una carretilla metálica súper liviana con capacidad para 250 kilos con una rueda con seis capas de  caucho para prevenir pinchazos, fantástica para trabajar en este ecosistema y en arenados. «Ya en Hamburgo en la finca de mi abuelo encontré numerosas herramientas  para trabajar el campo y facilitar las labores con precisión que aun hoy existen en el mercado».

Todos los años crea un espacio multidisciplinar de desarrollo, trabaja con nuevas técnicas que pueden facilitar la labor de los agricultores majoreros. “Este año –nos dice- han contado con un físico y carpintero alemán que ha construido un banco de trabajo para preparar cabos, verjas y un geo-nivel, muy valiosos para trabajar la estabilización y nivelación del terreno para cosechar y retener mas agua en ladera, explica Horn. Además  tenemos en el equipo a Ventis Analityca como asesores empresariales, la fundación Chekipa, mi mujer Celine con talleres de arte y naturaleza, Tania Azurmendi como trabajadora social y moderadora en este proceso social, Jesús con su dron y de apoyo logístico y sus aportaciones pragmáticas y muchas mas personas que han apoyado este movimiento de raíz naciente”.

Este profesor de agroecología práctica explica que necesitamos esa tierra fértil, “negra-retiznada”, con estiércol y hojarasca descompuesta con especies de árboles y plantas que fijen insumos como nitrógeno y un suelo protegido de las inclemencias del tiempo.

En Fuerteventura encontramos los suelos absolutamente desnudos y expuestos a viento, al sol, la actividad agrícola se centra en parte en las gavias creadas por los antepasados de la isla en los llanos, donde la escorrentía del agua que viene de las montañas, hoy día cada vez mas erosionadas. Junto con los restos vegetales y excrementos de las cabras, da origen a espacios ideales para la producción agrícola. Antes las actividades agrícolas y ganaderas estaban estrechamente ligadas al cuidado del paisaje y entre otras la continua reconstrucción y plantación de las cadenas que la retenían tierra y agua en ladera. La realidad hoy es un paisaje en proceso de erosión galopante en el que los sedimentos y muchísima agua se van al mar porque nada los retiene.

Horn resume indicando que tenemos que hacer algo para recuperar la tierra de las laderas –las islas orientales están perdiendo entre 15 y 50 toneladas por año. “Esto es muy preocupante, añadió, y me pregunto que va a pasar con los niños y niñas que acaban de nacer. Si hacemos números, les dejamos con cada año que pasa un paisaje mas degradado  con una actividad agrícola prácticamente inexistente”.

También subraya que no se puede perder ni una gota más de agua de lluvia. «es nuestra responsabilidad aplicar nuevas y mejores técnicas que retengan este valioso líquido y que a su vez aumenten la fertilidad en el suelo. La sequía y falta de lluvia ya son un hecho a consecuencia del cambio climático. La recuperación de la biomasa en todos los ámbitos, de los restos de comida, es una obligación», afirma. Además explica que el MRF que se produce por Compost Majorero en La Lajita, (Material Ramal Fragmentado), el compost y el biochar (carbón vegetal de pirólisis) son la clave en las técnicas empleadas por Horn. Y estas son la base para la creación de bosques productivos (oasis) alrededor de los cuales la población, la ganadería y biodiversidad encuentran zoco y un desarrollo asegurando también el de futuras generaciones. Y esto se llama empoderamiento, asegura el profesor.

ROSA DE LOS VIENTOS

«Es importante recuperar el paisaje agrícola y saber manejar de forma sabia el agua del consorcio, practicando agroecología, de forma multidisciplinar y coherente ”, afirma.

“Con el turismo desde los años 70 nos hemos olvidado prácticamente de la agricultura, la gente salió corriendo a servir en el turismo me han dicho much@s y con razón por lo dura que es, pero ahora es imperioso recuperar la soberanía alimentaria por las circunstancias climáticas y geopolíticas». Pero hagámoslo, afirma, de forma inteligente y por supuesto no puede ser de la noche a la mañana. «Actualmente contamos con espacios como la finca de Nacho González, de la Rosa de Los Vientos que acaba de empezar o la finca de Tefía de Ángel Borrero Sosa, donde la gente puede ver y vivenciar este desarrollo de sistemas agroforestales y que es la agroecología; un sistema de producción de alimentos y un arte de vida, donde también hay pintura, artesanía, música y otros muchos oficios. Recursos como son la palma, la lana o el barro en bioconstrucción pueden ser integrados en la vida cotidiana del majorero y la majorera. Produciendo y transformando alimentos de máxima calidad como seguro y base de nuestra existencia podremos dedicarle mas tiempo a algo tan fundamental para la riqueza del alma como es el “arte” concluye.

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