Los Finaos, el acercamiento de los vivos a los muertos

En todas las culturas, en todos los pueblos y en todas las épocas existen tradiciones ligadas a la muerte y el recuerdo de las personas difuntas. En Canarias decimos «finaos» para referirnos a los finados, es decir, a las personas que murieron, cuyas vidas se acabaron, llegaron a su fin.

 

En estos días, los cementerios de Fuerteventura se llenan de gente, recordamos con cariño a nuestros difuntos, rezamos por ellos y ponemos flores en sus tumbas. Se trata de una tradición muy extendida por la creencia, siempre presente, de la vida más allá de la muerte, es por eso que a los muertos se les recuerda con cariño pero pensando en que sobreviven al paso esta.

La Iglesia católica celebra de manera litúrgica el Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre. Según explica Felipe Bermúdez, Doctor en teología y secretario de la Fundación Manuel Velázquez Cabrera, encargado de acercarnos a esta tradición en Fuerteventura, la celebración popular de Difuntos ha ido eclipsando, con el paso del tiempo, la del Día de Todos los Santos.

No tanto en Fuerteventura como en otras islas, se hace una fiesta especial, aunque discreta y respetuosa, en la que se hacen castañas y se beben bebidas alcohólicas. Sin embargo, en Canarias y también en Fuerteventura, estaba muy relacionada esta fiesta con los ranchos de ánimas. En otra época, estaba muy extendida la creencia en el purgatorio, se creía que las almas de las personas difuntas que no pasaban directamente al paraíso, al cielo, estaban en un lugar de purificación, en el purgatorio, y se creía que las oraciones de los fieles podían ayudar a las almas a suavizar, aliviar o aminorar ese tiempo allí.

Las ermitas de Fuerteventura conservan los famosos cuadros de ánimas, según explica Felipe Bermúdez, en Fuerteventura hay unos 11 en las principales iglesias. Los cuadros representan esta creencia a través de tres niveles: en el nivel más alto está la Trinidad (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) rodeada de santos y santas, en el lugar intermedio aparece la figura de San Miguel o de la Virgen del Carmen y San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán que son los santos intercesores, en la parte baja del cuadro está el purgatorio, donde se ve a curas, obispos, papas, sacerdotes, laicos, reyes, todo tipo de personas padeciendo. Se puede ver a la Virgen del Carmen, San Miguel, San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán sacando almas del purgatorio. Se pensaba que rezando por los difuntos en torno a esos altares donde estaba el cuadro de ánimas se podía ayudar a las almas de los que murieron.

Y, curiosamente, donde había un cuadro de ánimas, surgía una cofradía de ánimas y la cofradía, se convertía en rancho de ánimas. Los ranchos son las manifestaciones más antiguas del folclore musical canario. Desde el 1 de noviembre hasta la Candelaria, el 2 de febrero, iban tocando de casa en casa, con unos instrumentos muy rudimentarios y reuniendo limosnas que los fieles daban para aplicar misas por los difuntos.

En Fuerteventura, se conservan 2, el rancho de Tiscamanita y el de Tetir, y en todo el archipiélago se conservan 12. El rancho de Tiscamanita, nacido en el año 1800, sigue cantando coplas a la Virgen de la Peña y letras muy antiguas:

«esta cofradía le ha venido a ver que mejor visita puede usted tener»

 

«Ánimas benditas son las afligidas

que están esperando desde la otra orilla.

En el purgatorio hay lanchas de fuego

y las pobres ánimas son los marineros.

Son los marineros que están navegando,

que están esperando por un Padre Nuestro.

Que están esperando por este recuerdo

porque en la otra vida todo lo tenemos»

Tradicionalmente, la muerte y el recuerdo de los que ya se fueron se convertía en una celebración de la vida. El rancho y la Fiesta de los Finados nos recuerda que somos seres frágiles y vulnerables, sujetos a enfermedades, guerras o desastres naturales. Sin embargo, muchas personas piensan que existe la vida después de la muerte, que no todo termina cuando nos morimos. Esto es lo que representan los ranchos, que el camino sigue más allá del fin de la vida.

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