El artesano de Pájara Juan Sánchez lleva más de 50 años elaborando aperos de labranza hoy en desuso en Fuerteventura, como orquetas, guadañas, palillas, arados o cangas. Un oficio que aprendió de su padre, a quien recuerda trabajando la madera y el hierro mientras practicaba el trueque con los vecinos: “Le prestaban un arado y a él le dejaban los animales para arar”, explica.
Esa habilidad para el intercambio la mantiene viva hoy con otros artesanos de la zona, “le hago las agujas a María para coser la palma y se las cambio por piezas suyas”, explica, manteniendo así una tradición de colaboración que resiste al paso del tiempo.
Juan reutiliza todo lo que encuentra a su alcance. No solo el hierro, también troncos de pitón o de drago, con los que fabrica transportines para hurones que luego vende a cazadores. Confiesa que disfruta especialmente trabajando la madera, ya que el hierro le resulta más difícil, y que le gusta conversar con las personas mayores del lugar. “De ellos aprendo; me han contado las penurias que pasaron, llegando incluso a comer tuneras asadas por el hambre”, relata.
Habla con cariño de su taller al aire libre, situado en su finca, donde pasa largas horas dando forma a cada pieza. Sin embargo, lamenta la falta de relevo generacional y considera que las instituciones deberían promover cursos de formación para asegurar la continuidad del oficio.
Finalmente, reclama que Pájara vuelva a contar con la Casa del Artesano, un espacio que, en su opinión, sería clave para preservar y difundir la artesanía tradicional del municipio.














