Actos vandálicos en la ermita de San Andrés en Tetir

Actos de vandalismos en la ermita de Tetir

La asociación de vecinos Vega de Tetir ha denunciado este domingo, 3 de julio, los destrozos causados en la ermita de San Andrés de la localidad, hechos puestos en conocimientos del Ayuntamiento de Puerto del Rosario.

 

En las fotografías aportadas por los vecinos se pueden observar la rotura con piedras de las ventanas del templo lo que ha ocasionado indignación de los ciudadanos que dicen no entender actos de este tipo que solo persiguen destrozar los espacios públicos.

Según recoge el estudioso Francisco Cerdeña en su blog» Cuadernos de Puerto del Rosario» con el titulo San Andrés: Romería o Fiesta del Agua

La ermita de San Andrés, está situada en el Valle de la Sargenta, Tetir. La donó don Juan Berriel Jordán a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán el 30 de noviembre de 1989, según reza la placa colocada en su fachada.
Apunta Cerdeña que su historia se remonta a tiempos muy anteriores a la parroquia, cuando Santo Domingo ni soñaba con tener «casa» en Fuerteventura. Y este es un hecho constatado: Nos lo confirma el obispo Pedro Manuel Dávila y Cárdenas cuando en su relación de ermitas de la isla, 1735, nos dice que en la Vega no había otro templo que la ermita del Valle de la Sargenta.
El templo fue construido por los tetireños entre 1650 y 1652 para albergar al santo elegido como patrono de los labradores majoreros y de la lluvia; una elección tutelada  por el propio cabildo antiguo o ayuntamiento insular en sesión de marzo de 1609.
Durante años se dudó del lugar en que podía hacérsele una ermita al patrón de los agricultores, apuntando algunos que el lugar idóneo estaba en el lomo del Esquey o Esquén, entre Valle de Santa Inés y Antigua, próximo a la actual rotonda que ordena el tráfico integrando el ramal que sigue para Betancuria, pero se desestimó por estar en sitio batido por el viento y más próximo a confines ganaderos que labradores.
Luego se levantó en la Sargenta, uno de los valles de Tetir, donde perduró poco más de un siglo. No sabemos certeramente cuándo se les vino abajo o cuándo la tumbaron, pero no sería descabellado suponer el desastre en fechas próximas a la construcción de la parroquial, a mediados del siglo XVIII.
De San Andrés se acordaron y estuvo siempre presente en las plegarias y novenarios por el agua, siendo en los momentos de sequía «arrastrado» desde el Valle de la Sargenta hasta Betancuria para, junto a otras imágenes, rogarle que trajera la lluvia.
A la originalidad de ser un patrono elegido por sorteo a principios del siglo XVII, se unió, tras el derribo de su ermita, una singular fiesta del agua donde, con juicio incluido, los labradores acudían con la velada amenaza de desriscarlo o desterrarlo si no les atendía en sus súplicas.
Escribe en su blog Francisco Cerdeña que lo del destierro abre una nueva hipótesis en el sentido de que tumbar la ermita y expatriar al santo pudieran ser consecuentes en las dos direcciones: se derribó la ermita porque San Andrés se recogió en la iglesia parroquial o el santo se depositó en la iglesia parroquial para poder desmantelar la ermita…
Quisiéramos pensar otra cosa, pero da la impresión de que los intereses de los propietarios comarcanos coincidieron con la apuesta que se hizo para levantar una nueva iglesia en honor a Santo Domingo; que el vecindario respaldó la iniciativa, envolviendo la vieja costumbre de pedir la lluvia en una romería hasta la crucita que se colocó donde estuvo su primitiva ermita, hoy repuesta en el mismo lugar por quienes mencionamos al principio de este artículo.
Con el Santo Andrés en la parroquia de Santo Domingo y su paseo anual para enseñarle el lugar en que estuvo y desde 1989 vuelve a estar su ermita, el santito no derrama más aguas que sus propias lágrimas, agobiado con tantos patronazgos. Y en este sentido cabe recordar que los tetireños se lo prestaban a los parcelistas de la Colonia Rural García Escámez cuando, en 1950, éstos tuvieron la ocurrencia de nombrarle su patrón: y de Tetir a Las Parcelas viajaba en furgón o camioneta hasta el tablero de Las Escuderas para ser, desde allí, procesionado hasta la Presa de Los Molinos, acaso para asombrarlo ante tanta agua y dejarle caer que ya tenían donde almacenar la que les trajera.
Lo de visitar la Crucita de la Montaña de San Andrés se hizo durante muchos años con anterioridad a la reposición de la ermita y, por tanto, bastante antes de la reciente etapa romera. Quizás los viejos recuerden los episodios y la costumbre de enjuiciar al santo por la falta de agua.
Dada la antigüedad y la historia del territorio en el que se encuentra la ermita de San Andrés, podemos decir que estos actos vandálicos son mucho más que eso, suponen un daño patrimonial importante. Francisco Cerdeña, en una entrevista concedida a Radio Sintonía, vincula estos actos a la falta de conocimiento y memoria histórica. Apunta que debemos reivindicar lo nuestro y no olvidarnos de nuestro pasado.
Como bien describe Francisco Cerdeña en su artículo, «los recuerdos, la prensa histórica y los propios documentos nos ayudan a reconstruir la historia» y así, «el santito» continúa haciendo honor a su Romería o Fiesta del Agua, derramando todavía alguna que otra lágrima más.
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